Conclusión: Siéntete libre de saltarte comidas, no comas solo porque el reloj lo indica y NUNCA comas cuando no tienes hambre. Y esto vale para cualquier comida. Cuando dejas de comer carbohidratos eventualmente dejas de tener hambre. Especialmente si tienes mucha grasa acumulada ya que tu cuerpo lo interpreta como que tiene muchas reservas para quemar, no manda señal de abastecer y se te quitan las ganas de comer.
Corta unas 5-6 cebollas muy finitas. En una sartén grande añade una cucharada de aceite de oliva y cuando esté caliente rehoga los calamares (solo para marcarlos, no deben cocerse). Cuando hayan cogido un poco de color retíralos del fuego. A continuación, en la misma sartén añades la cebolla, bajas el fuego, añades un poco de agua y sal y cueces a fuego lento. Cuando la cebolla esté prácticamente cocida y doradita añades los calamares y dejas cocer hasta que estos estén en su punto. En unos 5 minutos podrás servirlo.
Haz que tu rutina de ejercicios siga siendo interesante. La variedad es la clave para estimularte a tener una vida más saludable y para mantenerte motivado. Si haces los mismos ejercicios todos los días, corres un riesgo mayor de lesionarte. También tienes mayor probabilidad de aburrirte, por lo que será más difícil encontrar la motivación para seguir haciendo ejercicio. Si es en el gimnasio, cambia de máquinas, participa en una clase de gimnasia y agrégale un poco de entrenamiento de resistencia a tu rutina.[3]
Pequeños cambios en las raciones. En los menús aumenta la cantidad de pan, arroz, pasta y legumbres que puedes tomar y baja la de pescado y carne. Este ajuste en las raciones está pensado en equilibrar la dieta para que sea la base de tu alimentación en el futuro. Durante las primeras fases, como son más restrictivas, el consumo de proteína (carne, pescado) es mayor para mantener el tono muscular.
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