Lograr un vientre plano y tonificado es el sueño de cualquier mujer y para conseguirlo, la mayoría de las veces se recurre a productos o tratamientos sintéticos que prometen eliminar la grasa de manera efectiva en cuestión de días. Sin embargo, no debemos olvidar la recomendación de todo nutriólogo que es  llevar una alimentación adecuada y practicar actividad física a la par del tratamiento.
Evita el azúcar (aléjala, dispárale, préndele fuego y olvídate de ella). El azúcar es una de las razones por las que encontramos tantos problemas metabólicos y de obesidad en la población. Al consumir mucha azúcar refinada, el hígado no puede procesarla toda y se activan mecanismos del cuerpo que la convertirán en grasa. No solo eso sino que también provoca resistencia a la insulina.

Muchas personas que se ponen a dieta tienden a recuperar el peso que pierden y el estudio no puede asegurar que los participantes podrán mantener sus nuevos hábitos. En promedio, los participantes bajaron de peso considerablemente, aunque también había una variabilidad muy amplia en ambos grupos: algunos subieron de peso y otros perdieron hasta 27 kilos. Gardner afirmó que quienes bajaban más de peso reportaban que el estudio había “cambiado su relación con la comida”. Por ejemplo, ya no comían sentados en su auto ni frente a la televisión, cocinaban más en casa y se sentaban a cenar con su familia (que usualmente impide llenarse en exceso).

El segundo día se compone de un desayuno un poco más completo, unas tostadas de pan, medio plátano y un huevo cocido. Este desayuno nos aporta una parte de hidratos, una parte proteica y una de vitaminas y minerales con la fruta, así como una cantidad de grasas procedentes de la yema del huevo. En la comida tomaremos una taza de queso cottage (250 gr aproximadamente) acompañados de un huevo cocido y unas tostadas tipo crackers (5 unidades aproximadamente). La cena será más completa, un par de salchichas, brócoli y zanahorias cocidas acompañadas de una pieza de fruta, el helado de vainilla y el medio plátano antes de acostarse.
Se trata de un ejercicio parecido a las sentadillas, pero con una única pierna. Partiendo de una postura erguida, desliza una de las piernas hacia delante hasta que la rodilla de la otra extremidad casi toque el suelo. La pierna que adelantes debe quedarse flexionada en, apróximadamente, 90 grados. Para cambiar de extremidad, da un salto al aire, llevando tu pie trasero hacia delante y el delantero hacia atrás.
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