Limita las grasas de tu dieta. Controla la cantidad de aceite de oliva (utilizado en crudo y para cocinar) a 2-3 cucharadas soperas al día. Sobre todo, limita el consumo de alimentos que te aporten grasas no saludables (embutidos, carnes procesadas o ahumadas, quesos light…). No menosprecies las grasas procedentes de los alimentos light (pueden llegar a ser de un 30%). En su lugar puedes utilizar grasas saludables como el aceite de oliva que te comentaba, aguacate, frutos secos, pescado azul… Deja la carne roja para 1 día a la semana y elige carnes magras como el pollo o el pavo.
Los macronutrientes (o macros) son los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas. De un adecuado balance de éstos depende la pérdida de grasa, por lo que debes tener en cuenta la cantidad de cada uno que comes. Las dietas altas en proteína suelen ser muy efectivas para la pérdida de grasa, sobre todo si practicas ejercicio físico intenso. Por tanto, debes poner el foco en regular los hidratos y las grasas: dependiendo de tu tipo de cuerpo y tu metabolismo, quizá necesites reducir unos u otros.
Las patatas fritas, los dulces, las galletas, los primeros turrones y mazapanes y la comida precocinada como el pan, la pasta o el queso precocinado e incluso el atún de lata o la leche de almendras pueden contener más sal y azúcar de lo que te imaginas. Así que en lugar de elegir estos alimentos, elige pan integral o cereales enteros como el muesli evitando las harinas blancas y refinadas. Si quieres adelgazar, intenta tomar menos lácteos. El azúcar, la harina y los lácteos pueden causar inflamación así que sustitúyelos por comidas y vegetales para conseguir tu objetivo de perder esos tres kilos de manera más rápida.
Ya hemos hablado varias veces en nuestros artículos sobre estrés (puedes verlos aquí para ver el relacionado con obesidad y aquí para ver cómo ha evolucionado el stress) sobre esta respuesta natural del cuerpo que tiene una función importante en nuestro organismo y supervivencia diaria (por ejemplo, la segregación de adrenalina), pero que mantenida durante mucho tiempo genera problemas en la salud.
Anota todo lo que comes y bebes, en qué momentos y en qué cantidades. De esta forma, por un lado te darás cuenta de que, efectivamente comes más de la cuenta, y por otro sabrás si es que picas entre horas porque te aburres o estás desanimada. En este caso, búscate aficiones que llenen tu tiempo libre como ir al cine o pasear con amigos. Para empezar una dieta es bueno un cambio de actitud, pero también es de gran ayuda un cambio de imagen: ve a la peluquería, cómprate alguna prenda que te favorezca, arréglate un poco más. Y piensa en todo lo que tienes colgado en el armario. Es el comienzo del cambio.
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